Descripción
La Basílica de la Collegiata, dedicada a Maria Santissima dell'Elemosina, es una gran iglesia del barroco tardío en la via Etnea, poco al norte de la piazza Università: una fachada de piedra caliza que se mueve entre curvas y contracurvas, coronada por un campanario lleno de ángeles y putti.
La fachada, diseñada en el siglo XVIII por el arquitecto polaco Stefano Ittar, es un ejemplo de barroco tardío internacional. En el segundo orden, entre grandes volutas enroscadas, están las estatuas de Santa Águeda y Santa Apolonia; en las hornacinas de la logia central, San Pedro y San Pablo.
Dentro, la iglesia tiene tres naves y suelos, altares y verjas de mármol. En 1896 el pintor catanés Giuseppe Sciuti pintó al fresco la bóveda y la cúpula con episodios y figuras de la Biblia, desde la Virgen de la Misericordia hasta la Asunción y los Evangelistas.
En el altar mayor hay un icono de la Virgen con el Niño, copia de la Madonna dell'Elemosina de tradición bizantina. Alrededor, el coro de madera de los canónigos, con 36 sitiales, el segundo en importancia de la ciudad después del de la Catedral.
El nombre viene de lejos. Según la leyenda, una imagen de la Virgen expuesta en una esquina despertó tanta devoción que los fieles, con sus limosnas, le construyeron una pequeña iglesia, que creció con los siglos hasta convertirse en la segunda iglesia de la ciudad.
Cuando la corte real vivía en el Castillo Ursino, los reyes aragoneses la hicieron su capilla privada: desde 1396 fue "Regia Cappella", capilla real, inscripción que todavía hoy destaca en la fachada. El distrito de la iglesia era tan extenso que escapaba a la autoridad del obispo, y de ahí nació una rivalidad con la Catedral que duró siglos.
El momento culminante llegó en la Cuaresma de 1801. Un canónigo de la Collegiata, invitado por el obispo a predicar en la Catedral, subió al púlpito con las insignias de su cabildo; los canónigos de la Catedral lo agarraron y lo bajaron a rastras con ayuda de un gendarme. El rey ordenó tener al gendarme unos días en el calabozo.
También la reconstrucción tras el terremoto de 1693 fue una batalla. La iglesia se giró para dar a la nueva via Etnea, pero un vecino, el barón della Sigona, se opuso al campanario porque, decía, el sonido de las campanas turbaba la paz de su hogar, y llevó el pleito hasta Roma. Las obras no se reanudaron hasta su muerte, en 1769.
La fachada, diseñada en el siglo XVIII por el arquitecto polaco Stefano Ittar, es un ejemplo de barroco tardío internacional. En el segundo orden, entre grandes volutas enroscadas, están las estatuas de Santa Águeda y Santa Apolonia; en las hornacinas de la logia central, San Pedro y San Pablo.
Dentro, la iglesia tiene tres naves y suelos, altares y verjas de mármol. En 1896 el pintor catanés Giuseppe Sciuti pintó al fresco la bóveda y la cúpula con episodios y figuras de la Biblia, desde la Virgen de la Misericordia hasta la Asunción y los Evangelistas.
En el altar mayor hay un icono de la Virgen con el Niño, copia de la Madonna dell'Elemosina de tradición bizantina. Alrededor, el coro de madera de los canónigos, con 36 sitiales, el segundo en importancia de la ciudad después del de la Catedral.
El nombre viene de lejos. Según la leyenda, una imagen de la Virgen expuesta en una esquina despertó tanta devoción que los fieles, con sus limosnas, le construyeron una pequeña iglesia, que creció con los siglos hasta convertirse en la segunda iglesia de la ciudad.
Cuando la corte real vivía en el Castillo Ursino, los reyes aragoneses la hicieron su capilla privada: desde 1396 fue "Regia Cappella", capilla real, inscripción que todavía hoy destaca en la fachada. El distrito de la iglesia era tan extenso que escapaba a la autoridad del obispo, y de ahí nació una rivalidad con la Catedral que duró siglos.
El momento culminante llegó en la Cuaresma de 1801. Un canónigo de la Collegiata, invitado por el obispo a predicar en la Catedral, subió al púlpito con las insignias de su cabildo; los canónigos de la Catedral lo agarraron y lo bajaron a rastras con ayuda de un gendarme. El rey ordenó tener al gendarme unos días en el calabozo.
También la reconstrucción tras el terremoto de 1693 fue una batalla. La iglesia se giró para dar a la nueva via Etnea, pero un vecino, el barón della Sigona, se opuso al campanario porque, decía, el sonido de las campanas turbaba la paz de su hogar, y llevó el pleito hasta Roma. Las obras no se reanudaron hasta su muerte, en 1769.