Anfiteatro

Anfiteatro

Piazza Stesicoro 17. (Abre el mapa)

Descripción

El Anfiteatro romano de Catania es el más grande de Sicilia: sus arcadas de piedra volcánica negra y ladrillo rojo asoman en la piazza Stesicoro, en pleno centro, por debajo del nivel de la plaza. Lo que se ve es aproximadamente una décima parte del monumento; el resto sigue enterrado bajo las casas.

Se construyó probablemente en el siglo II, entre los emperadores Adriano y Antonino Pío, en el borde norte de la ciudad antigua, y quizá se amplió en el siglo siguiente. Pertenecía a la misma familia de grandes edificios que el Coliseo y la Arena de Verona.

La arena medía unos 70 por 50 metros, y el edificio entero 125 por 105. Podía acoger a 15.000 espectadores sentados y casi el doble añadiendo andamios de madera para los que estaban de pie.

Desde la plaza se ven los arcos de la galería exterior y, hacia la arena, un tramo de la cávea separado del podio, antes revestido de mármol. Llama la atención el contraste entre la piedra volcánica oscurísima de los muros y el rojo de los ladrillos de los arcos.

En la entrada, la verja de hierro está enmarcada por columnas de mármol y capiteles jónicos hallados en las excavaciones, con un arquitrabe que lleva la inscripción AMPHITHEATRVM INSIGNE. A los lados, dos lápidas recuerdan a los griegos Carondas y Estesícoro, que según la tradición están enterrados aquí cerca.

Debajo se abre el pasillo interior del orden inferior, liberado por las excavaciones de principios del siglo XX. Desde el vico Anfiteatro se aprecia la altura del edificio hasta parte del tercer piso.

Durante siglos el anfiteatro fue una cantera. En el siglo V el rey ostrogodo Teodorico permitió a los cataneses llevarse sus piedras; según algunos, también algunas columnas de la Catedral proceden de aquí.

En el siglo XVIII estaba tan enterrado que algunos visitantes extranjeros negaban que existiera. Para desmentirlos, el príncipe de Biscari pagó de su bolsillo las excavaciones y en dos años sacó a la luz un pasillo entero y cuatro grandes arcos.

Las galerías subterráneas han alimentado leyendas de todo tipo, como la de una clase de escolares que entró de visita y nunca volvió a salir. En 1943, durante los bombardeos, sirvieron de refugio antiaéreo.

Imprescindible
• Las arcadas de piedra volcánica y ladrillo.
• La entrada con la inscripción AMPHITHEATRVM INSIGNE.
• El pasillo interior.
• La vista desde el vico Anfiteatro.

¿Sabías que…?
• Una leyenda cuenta que la lava del año 252 se detuvo ante el anfiteatro gracias al velo de Santa Águeda: los estudios han demostrado que nunca llegó a la ciudad.
• Ya en el siglo XVI el historiador Tommaso Fazello lo consideraba el segundo en tamaño, solo por detrás del Coliseo.